EN TIERRA DE MUCHO CACIQUE Y POCO INDIO

EN TIERRA DE MUCHO CACIQUE Y POCO INDIO

 

Por: Santiago Jaramillo Montoya

Medellín, Julio 18 de 2013

 

Las políticas públicas de Medellín y del Valle de Aburrá relacionadas a la generación de nuevos empleos están estrechamente ligadas a la dinámica de aparición de nuevas “unidades” de negocios. Es aquí donde juegan las extensas estructuras organizacionales de Gerentes, Directores de Negocios, Mantenimiento, Operarios, ventas, etc, representados todos en un solo cuerpo: el emprendedor.

Si bien el comportamiento mercantil del paisa es bien reconocido en la región, capaz de adaptarse a culturas diversas y generar valor a sus arcas; en las actividades de ciencias, tecnología e innovación esto es más que una compra-venta.

Es aquí donde el aparato institucional en su afán de cumplir indicadores de gestión gubernamental ha creado desde incubadoras, aceleradoras, banco de oportunidades, centros de transferencia tecnológica, entidades de interfaz, con el fin de atender las capacidades expresadas en el talento de los habitantes en nuevos negocios. Sin embargo, la gran parte de estos negocios quedaron encerrados entre las laderas del Valle de Aburrá. ¿Dónde están los grandes negocios de disruptiva empresariales? ¿Dónde está la nueva casta de empresarios antioqueños?

Bajo estas premisas, regreso de nuevo al Director General de Asuntos Varios y Sin Importancia, perdón, es también el emprendedor. Como diría mis tías: “¡Qué pecao de ese muchacho!”. Como emprendedores tenemos que vivir en una jauría en búsqueda de los dineros del gobierno, completando cuanta cartilla, formulario de internet se tenga para registrar un plan de negocios y además soportar la tortura burocrática de papeleo innecesario. Por cierto este emprendedor también sabe cambiar la voz a recepcionista y es técnico especializado en aumentar el número de páginas de un tóner de tinta.

Con un poco más de seriedad, los negocios basados en disruptivas empresariales, entiéndase por su contenido tecnológico, social, de expansión o comercial requieren competencias de profesionales altamente especializados en sus áreas de saber. Un modelo de transformación productiva basado en el autoempleo obliga a este tipo de talentos a cambiar sus vocaciones y los convierten en emprendedores, dejando de un lado su campo de acción inicial. El problema no es sólo este; las empresas en cuestión no poseen músculos financieros, técnicos y de operación para ser competitivos en los mercados de talla mundial.

La estrategia de Clúster tiene alta recordación en el empresariado regional. Es el momento preciso para saltar de los costosos consultores que cobran en dólares o euros, especialmente españoles, para un talento tropical  que conoce las dinámicas geopolíticas, sociales, económicas y biodiversas de nuestros territorios. Además, se deber concertar la capacidad de respuesta de cada empresario en un nivel específico de la cadena de valor. Es el momento de que algunos nos pongamos las camisetas de indios para que algunos caciques con investidura de líder sectorial podamos acceder de manera encadenada a los mercados competitivos. De lo contrario, los caimanes nos comerán en el Río Medellín.

Europa ha desarrollado ampliamente el concepto de clúster, polos de competitividad plataformas empresariales de innovación abierta. Bajo modelos de financiación público-privada han dispuesto grandes complejos empresariales, de investigación, desarrollo e innovación con un claro objetivo de generar impacto positivo en la cadena de valor. Estos centros están ampliamente dotados con plataformas tecnológicas, comodidades empresariales, red de contactos, interdisciplinaridad entre los miembros y solidez ante la mirada del mundo. Han permitido que pequeños granjeros se conviertan en propietarios de grandes multinacionales de insumos agrícolas, cosméticos, farmacéuticas, químicas, etc; y ellos siguen en lo que saben hacer, cosechar sus campos.

De este modo, el gran inventor no será el gerente de la compañía; su pasión, jugar a los tubos de ensayo será una actividad altamente lucrativa. El gran inversionista ya no ve los títulos de valor bancarios su mayor atractivo, él ya sabrá cómo apostarle a sectores con tanta incertidumbre como la biotecnología. El comercializador ya no tendrá el dolor de cabeza de consolidar una mercancía para atender los altos volúmenes demandados.  Y lo mejor de todo, el retorno de la inversión se queda en los bolsillo de los colombianos y no en los de algunos que vienen con ínfulas de colonizadores.

Finalmente, Medellín ha estado aprendido las lecciones de la implementación de su política de transformación productiva. Todos los actores del ecosistema nos debemos movilizar en ser parte de ella.

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